martes, 9 de noviembre de 2010

El Círculo: Prolegómenos

- En qué momento se jodió ‘El Círculo’ Coflita?
- El Círculo era como el Perú, Maestro Windu, se había jodido en algún momento.
Piensan: ¿En cuál?
[…]

Windu aprieta el inhalador y, por un momento, el mal olor a cigarro y vómito en su chompa, dejado por David, se disipan en un alivio efímero; “como la primera idea del Círculo”, piensa. Tal vez fueron el desorden y las contrariedades de aquellos viernes, los que terminaron por consumirlo. Durante las últimas reuniones, todos parecían desear solo panem et Circen (pan y Circe); dejando olvidado, junto a las latas de atún, el gran y pretensioso concepto inicial.
“Tal vez los intempestivos finales por tus golpes de asma”, piensa Coflius y sonríe, comenzando a perderse en algún verso de cierto rapsoda Santiaguino, mientras sus dedos escarban por entre los bolsillos, esperando encontrar alguna moneda que, previsora, se haya ocultado al escuchar la caja del póker. Todavía recuerda las apresuradas llegadas, luego de alguna mesa vespertina que se alargó por las continuas recompras, para encontrar a un Windu bufando y a una hacendosa doméstica, dejando la comida humeante y el balde con agua caliente para los burgueses pies del Metal. En aquella época, el thanatos aún no terminaba de consumirlo en una masa amorfa de depresión, juegos de rol, anime de los 90´s y mala música. En aquella época, David aún no se acostumbraba a su nueva y desviada fama, respondiendo a cada insinuación con un “conchatumare” y con su habitual golpe directo al bajo vientre. En aquella época, Windu no sabía de cine como los demás, y Coflius no escatimaba en callar cada factum que brotara de sus recuerdos.

- Aún no sé – dice.

Los caminos del pensar son dificultosos; si no andas atento, terminas hundiéndote entre las zarzas de la locura y el fango del fracaso. “O entre los senderos desconocidos de Lynch y Kubrick”, piensa Windu, recordando con resignación los colosales desvíos de tema hacia, en el mejor de los casos, latitudes del séptimo arte totalmente desconocidas por él o, en el peor de ellos, la decepción de las últimos Blockbuster importados por las salas de cine nacionales. “Tal vez”, piensan.

- Quizás hizo falta ella – dice Coflius, ante la mirada interrogante de Windu – ella, la no llegada – haciendo reír al otro, mientras recuerdan cierto cuadro de Frida Kahlo.

Las luces y ruidos de la avenida los hacen reaccionar al aletargamiento del alcohol. Se detienen al borde de la vereda y levantan una mano, esperando que algún taxi se lleve el mareo y la nostalgia. Coflius se sienta por un momento, los pies en el asfalto. De pronto, una luz en su cabeza resalta de entre el tornasol de los semáforos, los autos y las líneas de sus ídolos.
- Quizás Flaubert aún tiene razón – dice – ‘On ne peut penser et écrire qu’assis’ (no se puede pensar ni escribir más que sentado).

[…]